Jon Sobrino

El verdadero meollo de la espiritualidad y la teología de los Ejercicios se asienta en el intenso conocimiento interno del Jesús histórico y en la decisión iluminada y realista de seguirle.

El cristianismo es, en definitiva, una praxis, un modo de vivir dejándose llevar por el Espíritu de Jesús a la manera en que éste lo hizo. El acceso a Jesús no se produce meramente a través del culto, de la ortodoxia o del misticismo, sino por asimilación del Jesús histórico.

Vida histórica de Jesús en la que éste se entregó a Dios y a su causa a favor del hombre, hasta dar la propia vida, envuelta y zarandeada a muerte por el conflicto que contra ella levantaron los poderes religiosos y políticos. Esa vida concreta de Jesús es la que queda confirmada por la resurrección como real existencia del Hijo de Dios.

Solo la contemplación y el seguimiento de esa vida pueden y deben cambiar al ejercitante; la conversión desde otras instancias estará siempre tocada de ambigüedad y necesitará ser verificada en relación al modelo encarnatorio de Jesús y a la realidad de su seguimiento.

Desde esta clave se erige todo el universo teológico-vivencial extraordinariamente específico acerca de quién es Dios y cuál es su voluntad; acerca de quién es el cristiano y cuáles los objetivos, compromisos y costos que todo hijo de Dios debe asumir al embarcarse en la compañía y el seguimiento de Jesús.